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sábado, 10 de noviembre de 2018

Adicto al Trabajo

Franz von Stuck nos ilustra a Sísifo, titán condenado a subir una roca a una montaña, tarea imposible de completar, porque al llegar a la cima, la roca se le resbalaba y volvía a caer al pie de la montaña.


"Te ganarás el pan con el sudor de tu frente" Génesis 3:19

Soy mi propio carcelero.
El páramo lunar de este escritorio
teje para mí su celda.
Sisíficas y modernas, las hojas de la agenda
de las horas del reloj funden cadenas.

La fragancia del mundo
me concedí un permiso para gozarla.
Y aquí he vuelto.
                         Cansado del insoportable y pasajero
sabor del placer.
Elegí esta desolación. Elegí la libertad de ser mi esclavo.

10 de noviembre de 2018
Eduard Ariza

martes, 24 de julio de 2018

Instrucciones para mi Funeral


Ilustración de Beksinki (1929-2005)

Para A. U.

Cuando yo muera
haced que el aire sea mi arena.
Cuando yo muera, embadúrnate en turquesa, como esta noche.
Y deja suspirar mi cuerpo
con mis cirios, las estrellas,
con tus lágrimas florales,
el ataúd más bello
que las maderas celestiales.

Cuando yo muera
dame el olvido como sudario.
Deslizad la tiza en mis mejillas
y jugad una rayuela con todas las palabras que he callado.
Pero mantén esa sonrisa.
Tus labios serenos serán el notario
del testamento de mis cenizas.
Sólo tú sabrás que os he dejado.

Cuando yo muera
el silencio de mi sangre resuene.
Repique su melodía en tus orejas
de piercings enfloradas...
                                          Te escude y te proteja
del dolor y la pena, con su eco de indiferencia.
porque tu sonrisa esboza
la fantasía de la eternidad. A todo da -consuelo o- sentido
hasta a lo efímero en la mortalidad.
                                                                  Así,

cuando yo muera
sea tu turquesa mi testamento.
Nunca manche tu piel el luto
porque el amor es una cadena
y el "adiós" una adivinanza del abismo.
Porque, luciérnaga, tú eclipsas hasta la luz.
Entonces no te disfraces de noche.
Mantén tu vuelo nimbada y crepuscular,
cuando yo muera.

Eduard Ariza

lunes, 17 de julio de 2017

Que sea un poema de amor

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Nota. La unción de Betania es un pasaje del Evangelio en que Jesús es ungido con perfume por una mujer inspirada por el Espíritu Santo. Tal unción que los judíos hacían con sus difuntos y que Cristo define como “una buena obra” presagia su pasión y muerte.

¡Que no sea como en Betania!
Vierte sobre mí el perfume de tu piel,
será una buena obra
pero que no parezca la unción de un cadáver,
sino la promesa del sol
de volver a posarse en el cabezal de la cama
                                                                                  cada mañana.

¡Que no sea como en Betania!
Un día será mi carne del viento
y mis huesos alimentarán
trigales con sus tuétanos bajo la tierra escarlata.
Pero regálame antes el sonido
del reloj de arena y el remolino del candor
                                                                       cada mañana.

¡Qué no sea como en Betania!
Ama los requiebros del fuego entre mis manos
y la noche será fugaz.
Borrascosa el alba maldecirá las constelaciones
las alumbrará en dolor hacia el silencio.
Y yo sólo seré penumbra del perfume de tu piel
                                                                                  cada mañana.

¡Por favor! ¡Te lo suplico! ¡Sobre todo que no sea como en Betania!
Porque si estas sábanas olieran a ataúd, todo mi cuerpo
sería tumba y zanja.
Caníbal el deseo, como una caja de música entona en plomo
la angustia y la lujuria
(llevan disfraz de navaja). Tu protección necesito cerca
                                                                                              cada mañana.

5 de Julio de 2017

Eduard Ariza

miércoles, 28 de junio de 2017

Amistad


Para Eli

Cimbrea cada vez más frágil el relato de la memoria.
Efímera su perdurabilidad
emborrona de neblina nuestros recuerdos.

Pero aún queda tu cariño para mi alma de un niño roto
como una  nana compuesta
por un remolino dulce de nenúfares y plumas.

Hoy escrito con fuego el reloj nos impone el abismo
de rémoras de cotidianidad.
No obstante en cada reencuentro la continuidad se esperanza.

Si mi sangre otra vez se desnuda del disfraz de mercurio
ojalá estés cerca y así me proteja
la volátil firmeza del susurro de tu espíritu.

26 de Junio de 2017

Eduard Ariza

miércoles, 21 de junio de 2017

¿Mis alas? Las tuyas

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Para S. L.

Mis versos como plumas
quiero sembrarlos por tu piel.
Mesar tus recuerdos astillados de dolor
como si mis manos
se escribiesen en agua y alcohol.

Siempre me mientes
                                   ¿lo sabes?
Yo no te di las alas.
Siempre fue tu cuerpo una cometa.
Montar el aire, domarlo
es tu habilidad más natural.

Y si te vieras en mis ojos
entonces sabrías que de la negrura de la noche
podrías tejer sus estrellas.
Hay un pájaro en mi escritorio.
Es de papel. Sólo canta
                                     si estás tú.

19 de junio de 2017

Eduard Ariza

lunes, 13 de marzo de 2017

A Storm in a Teacup


Los horizontes abovedados de ceniza
se habían disfrazado de olas marinas.
A ver si alguien se ahogaba en ellos por error.
Sólo lograron que tosiera.

Sedosa ventisca de malhumor.
Su estertor lo marca el llanto.
Grácil ligereza, esbozo del insulto.
El cariño permanece.

5 de Marzo de 2017

Eduard Ariza

lunes, 20 de febrero de 2017

Pie de Foto


Para D...

El velo tostado en almíbar
bajo la corona de ventisca aterciopelada.
En aceituna y ocre
                                   melosa y sinfónica
se ondula y no cesa. Sólo late agitada.

Sombreados en lápiz, brillan ocres en ámbar
exquisitos robos plumíferos
                                               al pavo real.

Florales emulan los veraniegos pétalos almendrados
y se disfrazan del insecto más bello.
                                                            Los aros lunares:
un juguete de identidad en suspensión de prótesis.

El aroma es azafrán.
                                   Pero sabe a mostaza.

21 de febrero de 2017

Eduard Ariza

jueves, 16 de febrero de 2017

Por precipitación

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Hay una pesadilla en que las paredes son de tela
pero los techos permanecen de ladrillos.
Ínfimos y mutilados, de los retazos de tu esperanza
has confeccionado una cometa…
                                                      ¿Vas a probarla?
Salta por el balcón.



12 Febrero de 2017
Eduard Ariza

domingo, 12 de febrero de 2017

Rutinas

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Para Suri y Bárbara

Le habían cambiado el espejo por una caricatura
porque cumplir los deberes y expectativas era ya inútil.
Una flor de carne informe
                                            en su retrato.
El traje y la corbata como fundas de intestinos.
Ahora las Fauces estarían contentas.
¿Qué culpa tenía? Había nacido en una época
donde enseñaban más a temer la muerte
que a amar la vida.


12 de Febrero de 2017
Eduard Ariza

lunes, 3 de octubre de 2016

El Ángel

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Rosas de plomo adornan sus alas.
Como colmillos entre sus plumas
ufanas de luz.
Rosas de plomo como llaves y laberintos.

Mi almohada es un espejo
y mi cuerpo un nido para sus vuelos.
Tempestades de sangre hierven en mis entrañas.
Y sus garras de veneno me tatúan

azabaches calaveras soleadas de impotencia.
Cada herida que me infringe
circunloquia en locura mi mente
y exorcita a mi espectro azul.

Entonces mis huesos son un tejado
que sus alas atraviesan cada vez
que alza el vuelo
o bebe de una fuente de arena.

1 de Septiembre de 2016ç

Eduard Ariza

domingo, 4 de septiembre de 2016

Habitación

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Habitaciones como estalactitas
goteadas del alma.
Se duermen la madera y el empedrado de cal.
Allí donde los huesos
retorcidos por el viento

florecen amapolas de sus tuétanos
el pozo pervertido del deseo
acolcha en seda el vientre de las ranas.
Con alas de papel
el fuego columpia la angustia.

Si bastara con no salir.
Si con ser una vela de sombras
mi carne se supiera inmortal,
este pasaporte de cerámica al pasado
encontraría su bolsillo.

Pero los claveles de la cal
crucifican el perfume del remordimiento.
Esperar ya es locura.
¿Dónde guardé las instrucciones
para hervir paredes y puerta?

3 de Septiembre de 2016

Eduard Ariza

miércoles, 24 de agosto de 2016

Réquiem de aniversario

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Para mi toxo

Desnudos en lágrimas
bostezan a gritos los ecos de tu mirada.
Tranquila, las sombras blancas del círculo
pronto amputarán sus manos al olvido.
Dormirán
                        y apagadas mancharán
la sangre gris de tus pisadas.

Las pepitas de ángeles
invisible tatuaje, bajo tu piel brotarán llamas.
Y un rumor invisible de colmillos anidará en tu corazón,
mientras el nenúfar metálico te muerde el cuello.
La entrega
                        se somete al rosario de las cigarras.
Entonces la albada marchita amanece podrida.

Porque la inocencia es un arma
los filos de sus balas han ahorcado a tus pulmones.
Las ilusiones se erectan llenas penumbrosa calidez
envenenando al suicidio y la verdad.
La mariposa de ceniza
                                   en la sábana del agua
es cometa de melancolía con estela enfangada.

Silente tortura
tus labios de papel no esconden su pavor.
Mientras bermellones azucaradas y perfectas
tus estrellas rojas excitan al involuntario infiel.
La cotidianidad
                        usura de la vida, metal de sangre,
se ha bebido la arena del reloj.

Entre la polvareda de espinas
tu carne emerge depredadora y víctima.
Y es planta carnívora que caza ángeles
moscas y remolinos de amnesia efervescentes.
Así te afila más
                        la náusea de la memoria.
Entonces te hiere la caricia de la felicidad.

Incluso desnudada.
Sin las sedas del deseo y con la lujuria ciega
palparía desde la lejanía tu laberinto de luces
donde alambicada anida la esperanza mártir.
Si haces de tu alma un ataúd
                                               tu cuerpo
brotará de él una barca. Y ya no podrás ahogarte.

Suficiencia estática
en el eclipse de un grano de arena y la espuma.
La arboleda de humo, frágil como el remordimiento.
Entonces el crujido de la vela apagándose y el abuso espeso.
El alma nunca debió sangrar
                                               para pintar su sonrisa.
La angustia come tuétanos de marfil

y el cigarrillo
desnuda las cerillas en el éxtasis de la llama.
Hay un reloj de agua oxidado, la madera se lo come.
Oculto el pálpito de tu esencia redime el castigo.
Besas la injusticia
                                   saltas al abismo
y de su profundidad tejes tus alas, mi dulce cometa.

24 de agosto de 2016

Eduard Ariza

lunes, 8 de agosto de 2016

Éxtasis


Para S...

Es inmediato…
Tal vez porque no has bebido las cenizas de la apatía…
Electrizante
en un instante, verlo, de tu mente hace el vacío
por el espasmo del deseo.

Un punto
de calor diminuto, dentro de tu carne, contrae
tus músculos
y exige caricias, mientras tu cara refleja
en sus facciones la satisfacción.

El recuerdo
más tarde, entre los sedosos velos de la noche
suda la represión.
Y tú cierras los ojos para seguir despierta

mientras
sueña tu insomnio el sueño de la moral agotada.
Guidadas por la ceguera
tus manos escriben el lenguaje del placer.

Muñen las caricias
la miel del orgasmo. Con el secretismo más sonoro
su mancha no entiende
que muchos labios anhelan su sabor.

15 de marzo de 2016

Eduard Ariza

domingo, 24 de julio de 2016

Nenúfares de Papel




Para A...


El estanque de tu cuerpo
lo llené con nenúfares de papel escritos cara al agua.
Con mis dedos mutilados
por alambres de fuego, embarré tu carne.

Mi sangre hecha clavos
agujereó mi corazón en el sueño de la pesadilla.
En escarlata y luz escrita
la agitación de tu compañía escribía los enigmas.

El asesino corte de palabras
silenciado por el susurro de la agenda infinita
dolió ácido en las entrañas.
Así callando pagué el miedo a perderte.

En la burbuja de la asfixia
dormita el éxtasis de la lujuria que sonámbulo
desnudó tu alma
y bebió tu carne y encontró el éxtasis de lo imposible.

En el abandono del vacío
olores como el tuyo, quiebran la pereza de vivir.
Hasta el peso del silencio
masajea los dolores de la carne exhausta y golpeada.

Por desgracia el tiempo
devoró la plenitud para maldecir con la distancia.
Los clavos de mi sangre
revolotean de nuevo en mí, extorsionándome de vida.

Pero el regalo de la memoria
mantiene lleno el estanque de tu cuerpo en blanco y fantasía.
De vez en cuando, todavía
boto en él algún nenúfar de papel para revalidar mi vida.

17 de marzo de 2016
Eduard Ariza



sábado, 23 de julio de 2016

Estoy muerto y rodeado de ángeles

Para Júlia Margaria Garcia

La voz nunca fue más pura ni fuerte.
Se derrama en palabras
que sin romper el aire
se deslizan hacia la piel del alma.

Las columnas de hormigón de mi infancia
ya no forman almenas.
También me libro del deseo del oro
y hasta un cuerpo bonito
con su piel morena
se pierde vacío
de mis ojos roídos de indiferencia.

El bombeo del pecho yace extinguido
y la sangre se licua
más que el agua
para formar prados.
La carne se disgrega
en pedazos infinitos y rojos.
Cuando el sol y su lumbre
me acaricien sentirán que rozan
un metal oxidado.

Ahora soy todo libre
aunque no quiera nada.
Libre de voluntad, libre de deseo,
me dan la libertad
cual premio de consuelo.

Siento esas alas en franela tejidas.
Cortan átomos de aire.
A su amparo siento la caricia gacha
hueca de tiempo y edades.

Bajo sus cabelleras
de igual color y olor que los jazmines
exhiben pieles etéreas de vida
y de sus bocas de metal al fuego
emergen sus colmillos
largos en sus filos grises
                                        capaces
para despedazar eternidades.



El oro de la forja
colorea sus lenguas y sus gargantas.
Jamás el metal dorado pasó
de su color al rojo de las llamas
sin perderse veloz
en oscuros tonos
                             de eternidad
que alberga el cuerpo de estos inmortales.

¿Sabrán que estoy aquí?
Triste me perderé, si no me abrazan.
Hasta el estado del Más Allá sigue
la efervescencia lúgubre que empaña
tu nombre: soledad.

Ni estrellas con pazos
florecientes bajo las malas hierbas
ni plata entre las piedras.
Ni ríos, ni Arcadia: Allí
no existen los paraísos
sólo el doliente suspiro inmortal.

Me rodean con sus alas sin mirarme.
Y mientras la inacción de la ultratumba
complace a los que nunca fueron vivos,
me asfixia con sus sogas
de cuero de cristal.

Efímero y frágil
acaricio sus alas.
Me llevo una pluma al pasar la mano.
Mi pasado más pequeño que la esfera
nacida en los cauces
de los ríos
se rompe en mi memoria.

No me importa en qué desierto adormezco
aunque no lleguen flores ni recuerdos
Estos seres de luz
deslumbran la belleza
                                        de mi vida.
¡Qué plácido es morir!



Eduard Ariza

El placer de la caza

“Es un deporte apasionante, por un momento, tiene en sus manos la elección de la vida o la muerte” Bram Stoker Drácula.

Cuando no queda nada
(o si lo esperas todo)
durante ese vacío intermitente de vida
¿ya qué placer te queda
sino acercarte en sigilo a la muerte?

Apostarte al camino
entre las plantas aún blandas del alba.
La pasión, la belleza
se reducen a una pieza de plomo
que espera su destino.

Acecha a la presa,
                                  con rostro de ángel
¡Armas de aire y acero!
¡Viento!
                       ¡Crepitar del Sol entre nubes!
Vosotros grandes tibios
adormeced el dolor de mi espera.

El eco del viento sobre las hojas
ruge como una caricia de amor
sobre la ropa y muere
en seguida
                       como un fru-frú reptante.
Y sigues a la espera.

“¡Vamos! ¡Corre adelante!”
La presa husmea su propio camino
esperando la vida
descansa en el otoño.

“¡Corre!
¡Corre! Y…
                                  ¡Corre!”
Tus colmillos como flechas de carne
sangrarán ante el metal y el viento.
La jauría ya ladra.
Saltan sobre ti.
                       Diamantes de esmalte
atraviesan tu piel.

“¡Vamos!
                       ¡Corre! ¡Atento!”
Entre chillidos sangras…
¿Finges que te han sajado la garganta?
Alargo mi mirada
                                  con prismáticos:
Espumas fango rojo por la piel
hirviendo cálida de tu vida.
Entornas tus pupilas
mareadas por los demasiados perros.
Ya has destrozado a varios animales:
Dos
           tienen el cráneo arrancado;
                                                          tres
deslizan muy gentiles
sus tripas sobre el suelo
con la bilis, agua para nuevos barros;
media mandíbula le cuelga al otro.
El resto del enjambre
o lame los cuerpos de sus caídos
o… flor de carne,
                                  te cercena más.

“Vamos… ¡Corre!
                                  ¡Dispara!”
El diminuto cometa de acero
con pólvora, con viento
te cruza con una estela de chispas
nacidas de ti
                       (todas de carmín).
Al suelo caes embarrado.
Te rodean los perros
                                  Y mordisquean
tus miembros aún bullentes
mientras gimiendo expiras.

“¡Bien! ¡Bravo! ¡Buen disparo!”
Tranquilo, despezaremos tu cuerpo
no será de los gusanos.
Arrebataremos la sangre a tu carne
salaremos con celo de vestales
todos tus miembros
                                  y secaremos tu cráneo.

Mientras tus huesos crujen
al corte del cuchillo
y hago aflorar tu tuétano espumoso,
pienso que el Sol te dora
hojas de la robleda
como si fuese tu máscara fúnebre.

Eduard Ariza

Ilusión de música neoplatónica

“La música de las esferas que sólo escuchan los dioses…” Platón La República
“Y la música, siempre renovada, […] / edifica el espacio inhabitable de su divina morada” Rilke Sonetos de Orfeo

Oscuro cual lado oculto de la Luna
el recinto aquí dentro
resuena entre los estruendos de música.
Percusiones extremas y celestes
ennegrecen tu voz
imperceptible ahora para mis oídos.

Poco importa porque voy a marcharme
te dejaré en soledad
                                y no sufras.
Apenas me conoces
y sabrás olvidar.

La música estimula nuestros cuerpos
y los mantiene despiertos de noche
agitando entre bailes
y sorbos de alcohol dulce
a sus extremidades
hasta formar los bostezos de carne
que pelean para ver la roja aurora.

Mientras yo me deslizo
me sé náufrago en este salvavidas
de hombres y mujeres
que me hará flotar hacia el infinito.

Siento la voz y el tacto
de un pecado inocente
que se encarama sobre nuestras mentes.
Nos libera de vergüenza
Y nos forja en ángeles del presente.

Porque entre espasmos de flash de plata
que separe los cuerpos
de inseguros juicios de la vista
y evoquen
                 ralentizando los gestos
el sabor de una breve eternidad
(ilusión de estos bailes),
así deben de ver los ojos del ángel
desde sus cielos repletos de nubes
trazadas por la máquina
(por la máquina de humo).

Así nosotros soñamos
con nuestra propia mente
                                      o bien con dosis
de eternidades a precio de vida
de los polvos marmóreamente blancos
o la necrología negra del aguja…
Saltando por las cuerdas
de esferas celestes
                             las que geómetras
así se unen al Sol.

Pero toda esta armonía no es real.
Hemos de volver a casa, al colchón
dormir la resaca
y padecer los dolores efímeros
de nuestra angustiosa mortalidad.

Eduard Ariza

Como himno:


Para Thaïs

Te envío besos cristalinos por el aire
con la esperanza de que los percibas
debajo de la piel
como un regalo nacido en mi sangre
un segundo corazón que tú latas
fraterno pero esquivo del desgaste
que suponen los tedios
de quienes fingimos la eternidad.

Eres un espumarajo brillante
casi de color plata.
Te escupió la vida por el viento
y yo caí en tu espuma
sedosa incluso sobre las baldosas,
olas de cemento que nos escupen
como sucios vertidos
a insalubres calles de urbanidad.

Cada vez hay más dudas…
Las certezas mueren en estos tiempos.
Cuando al amanecer
el alba fragmenta nuestras visiones
la realidad subyuga
cualquier sonido de tu corazón.

En la eternidad de los segundos
que dan sentido a nuestras cortas vidas
deslizo mis recuerdos
hacia ti, sobre ti…
Puedo perderme en tus ojos de picas
ahogarme en el bamboleo de tu voz
y su perfume tierno de jazmín.

Salir del laberinto
decías era fácil.
                                  Yo lo dudé.
Pero ahora te creo…
                                  Cruzo de extremo
a las profundidades materiales
hasta encontrar mi espejo
y las luces más grises
gravadas en tu sonrisa
quienes son lumbre del cálido aliento
y ovillo de Ariadna
o metal de Teseo;
pues son el otro extremo.

El recuerdo pétreo de este fuego
cuya llama engendra carne y vida
infunde en nuestro espíritu
existencia:
                       más allá de lo orgánico
lejana de lo efímero
un brote de la nada
compañero de lo eterno y el vacío…

Y cuando cuento nubes
en las llanas baldosas
un cosquilleo recorre mi espalda.
Es el latir de mi otro corazón
el que hoy quisiera enviarte
porque tú le das forma
y le das pulsación.

Invisible electricidad estática
¿recuerdas la farola
                                  gris de noche?
Ella nos alumbró por vez primera
en la calle
                       en invierno
entre las luces de tarde rosadas
y el espacio de tiempo que se diese
al resto de la vida.

Sentí entonces el furor en tu flequillo.
Sostenías en tus hombros la esperanza.
El clamor de los ángeles vi en tus ojos.
Y la férrea locura
del encanto por la muerte en el juego
de la vida, ajedrez, baraja y dados
la besé en tus mejillas.

Porque allí estabas tú:
Deseo, futuro y muerte.
Nadie te dio un segundo corazón
… y lo necesitabas.
Un año después te lo entrego yo
por si el otro se para.

4 de marzo de 2012
Eduard Ariza

Hace un año, conocía a mi amiga Thaïs, cuya compañía a lo largo de este tiempo ha cambiado mi vida y mi salud para mejor. Esto es una forma torpe de darle las gracias... pero es lo mejor que he conseguido.

Compañera de juegos


Para T...

Pienso que Dios forjó la media luna
para sonreír cínico esta noche.
Pues duele  tan punzante su ironía
que de un astro obtiene apenas un diente.

Nunca maldeciré a Dios por premiarme
con tu reconfortante compañía.
Pero esta voluntad suya parece
un designio olvidado entre su agenda.

Cuando en mi niñez me dio los juguetes
olvidó a mi compañero de juegos.
Lloré las lágrimas de este descuido
pasados los años indiferentes.

Pues en mi mente fluían ideas
Como sueños diurnos inexpresables
que ocuparon mi tiempo hacia adentro
sin echar nadie en falta hasta después…

cuando necesité la compañía
y caminé por senderos sonoros
donde adolescente grité en silencio
y esperé a quienes llegaron después…

cuando encontré vuestro gineceo,
el zaguán babilónico, tu casa,
(en el segundo piso de alquiler)
cuyas flores y fuente eran humanas.

Desde tu presencia imanté mi brújula.
Con mis pasos libres del laberinto
cuento mis horas en un nuevo reloj
donde suenas a segundera y alarma.

Dios sonríe hoy con su diente argentario.
Eterno en cinismo, te entra en mi vida
cuando ya no tengo ningún juguete
y sólo sé jugar con las palabras.

30 de agosto de 2012
Eduard Ariza

Desorden


Pisaba tus ropas
desnudas de arrugas
en el suelo.
Y mientras yo avanzaba,
los colores
de tus camisas blancas
devoraban el polvo
maloliente
el de ceniza oscura.

Las baldosas
cubiertas por el manto
de tejidos
y de escorias disueltas
semejaban
piedras de un recto templo
que invitaban
a descalzar mis pasos.

Muy de cerca
tumbada en el sofá
que tu gato
arañó sañudo
recobraste
tu presencia corpórea:
suave y frágil
que te había robado
mi memoria.

Y ya de carne y hueso
compartimos
la comida y la tarde
como amigos.
Al amparo insalubre
de lo real,
tu hogareño desorden
recobró
esa esencia terrena
que después
mis ingratos recuerdos
volverían
hoy a mitificar.

12/8/2012
Eduard Ariza